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SOS vacaciones, por qué algo tan esperado puede volverse una pesadilla

Si bien durante todo el año laboral se planea y anhela el veraneo en familia, llegado el momento no son pocos quienes desean volver a casa a poco de iniciado el viaje.

Si bien durante todo el año laboral se planea y anhela el veraneo en familia, llegado el momento no son pocos quienes desean volver a casa a poco de iniciado el viaje. Revista Vitalia quiso saber qué extraño fenómeno causa ese “desajuste”. Y si es inevitable regresar más agotado de lo que se partió. La licenciada Elsa E. Álvarez (MN 944), directora del Instituto de Psicología Argentino (Inepa), respondió las dudas de todos.

¿Por qué hay gente que se estresa durante el verano? ¿Tiene que ver con la “incapacidad” de estar sin obligaciones? 
Muchas personas durante todo el año conviven cortos períodos de tiempo con sus hijos y/o pareja y el convivir todos los días durante las vacaciones es causa muchas veces de síntomas de estrés. De repente se pasa a compartir todo en familia y esto no resulta un tema sencillo ni de fácil resolución. 
Los hijos tienen diferentes exigencias de acuerdo a las edades, la pareja también requiere que se le dedique tiempo y las personas soñaron con dedicarse tiempo para ellos mismos y hacer todo lo que les es difícil hacer durante el año. 
Por otro lado, a muchas personas les cuesta disfrutar, no se permiten gozar del tiempo libre, quizá por culpas, por miedos, o simplemente por carecer de modelos. Estas personas pueden no cortar jamás con sus trabajos sea llevándose tareas a las vacaciones o medios que hagan permanente la comunicación con sus puestos laborales (notebook, celular, etc.). Nunca dejan de pensar en cuestiones laborales impidiéndose de esta forma poder disfrutar del tan merecido descanso.

¿Cuánto influyen las ajetreadas jornadas laborales, que hace que nunca se pase tanto tiempo en familia?
Habituados padres e hijos a verse poco frecuentemente durante todo el año, en las vacaciones deben aprender a convivir. De hecho, se puede decir que uno de los parámetros para medir la relación entre sus miembros en la familia, es el verano. Este tiempo “obliga” a una menor estimulación externa y más intimidad o roce con los lazos familiares. 
El tiempo compartido es mayor, y si una familia no consolidó sus vínculos de intimidad con una buena comunicación, cuando se encuentran en las vacaciones, aumenta la probabilidad de que ocurran intercambios negativos. Resulta paradójico, pero más comunicación y más tiempo juntos no equivale a estrechar lazos precisamente.
Pasamos gran parte del año en roles rígidos con un guión pre-establecido. En casa sabemos qué hacer, en el trabajo seguimos las normas y en el colegio cumplimos con la responsabilidad: en cada espacio que transitamos todo está dicho, es fácil saber “qué” hacer y “cómo” hacerlo. Pero cuando llegan esos momentos donde las normas dejan de existir, parece que muchas familias no pueden llevar adelante un tiempo con silencios, con intimidad constante y es aquí donde aparecen los bloqueos afectivos, y pareciera que dejan al descubierto las dificultades familiares que en el ritmo agitado de la vida pasan inadvertidas.

¿Son inevitables las diferencias con tantos días de convivencia?
Sí, porque no todos comparten los mismos gustos, ni quieren hacer las mismas cosas. La clave está en saber negociar, en aprender a escuchar las necesidades del otro y respetar lo que los demás quieren y necesitan. 
Las personas que negocian son aquellas capaces de adaptar sus necesidades como individuos, teniendo en cuenta las necesidades de quienes los rodean. Así, todos sus miembros sienten que “ganaron” y de este modo experimentan “reciprocidad” en sus acciones respecto del otro, es decir, igualdad entre lo que sienten que aportan a la familia y lo que reciben de ella. 
Estas familias en donde sus miembros saben negociar, y por ende se mueven de una forma mas flexible, es mas fácil que puedan lograr un entendimiento en sus vacaciones, mientras que las que ya mantienen un desajuste durante el año van a experimentar que sus problemas, que permanecen latentes, se disparan.

¿Cuáles son los conflictos que surgen en las familias ensambladas?
Un factor que interviene en las vacaciones es la relación entre sus miembros (padres con hijos y entre la pareja). En el caso de las familias ensambladas, la falta de elaboración de todos los miembros de la familia de la separación, las dificultades de sus miembros de unir dos visiones de familia diferentes y también la aceptación de una nueva persona como figura paterna, entre otras, pueden llevar a que si sus miembros no se preparan lo suficiente experimenten un motivo de conflicto.
Para que las vacaciones sean lo más exitosas posibles es importante bajar las exigencias y  expectativas y entender que una familia es una construcción, y no se realiza de un día para otro. Cuando se exige menos, las relaciones se distienden y es posible compartir buenos momentos y vivir lindas experiencias.

¿Cuál es la mejor manera de convivir pacíficamente en esos casos?
Es importante que todos participen, las decisiones no pueden tomarse en forma imprevista, ni unilateral. Cada miembro de la nueva familia, debe sentir que tiene la oportunidad de expresar abiertamente sus deseos, que todos sientan que son escuchados y tenidos en cuenta.
Muchas veces aconsejo a los padres que al principio organicen planes donde incluyan momentos a solas con la pareja, momentos a solas de cada progenitor con sus hijos y momentos compartidos con toda la familia. Estos planes cuidadosamente diseñados, con las expectativas posibles de realizar de todos y de cada uno, hacen la gran diferencia.
Las “familias ensambladas exitosas” son aquellas que entienden que formar una familia lleva su tiempo. Bajar las exigencias y las expectativas ayuda para que todos sus miembros sientan que son entendidos y acompañados.

¿Cuáles son los “sí” y los “no” a la hora de vacacionar en familia?
Es importante generar un espacio donde todos se sientan bien ya que las vacaciones son una oportunidad para compartir afecto, lograr una mejor comunicación, estrechar los vínculos y compartir actividades, tanto con la pareja como con los hijos.
Este reencuentro íntimo con la familia es una posibilidad para dialogar, para escuchar, para jugar, divertirse y también para poder poner en común proyectos, ilusiones y hablar de nuestros sueños. 
Es así como las familias se fortalecen año a año.

Lic. Elsa E. Alvarez - MN 944
Directora INEPA – Instituto de Psicología Argentino.

Artículo publicado en revistavitalia.com.ar

 

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