Aceptar las diferencias

Cuántas veces nos mantenemos en nuestro pensamiento creyendo que son acertados, que lo que pensamos es, la realidad.

¿Será que nos da miedo lo diferente?

Nos aferramos a lo conocido, y nos da temor adentrarnos en una mirada distinta de la que estamos acostumbrados.

Por eso, solemos juntarnos con aquellas personas que de alguna manera estén alineadas con nuestras ideas, nuestra forma de encaminar nuestras vidas, con nuestra misma idea política y solemos criticar aquellas que no coinciden.

¿Qué beneficios obtenemos al aceptar las diferencias?

Aprender cosas nuevas: nos da la oportunidad de empaparnos de experiencias nuevas, ya que hacer cosas distintas a las que solemos hacer nos lleva a recorrer terrenos inexplorados para nosotros.

Hacerte de amigos más interesantes: es fascinante relacionarte con gente diferente, que te de un punto de vista opuesto al que vos mirás; por lo tanto te permite ver la realidad más completa.

Sentirse mejor: aceptándome y aceptando a los que nos rodean. Ayuda a no enojarse y a no juntar rabia con los que piensan distinto. 

Aceptar las diferencias es una oportunidad de crecer, ya que el crecimiento está dado por flexibilizar, por darnos la oportunidad de mirar las cosas desde otros puntos de vista. De salirnos de nuestra zona de confort y animarnos a ser distintos, cuestionar a nuestros padres, a nuestros amigos, a nosotros mismos y a las ideas que mantienen en nuestra cultura.

El cambio y por ende el desarrollo está dado por enriquecernos de miradas diferentes acerca de una misma realidad. Y seguro te permitirá ampliar tu visión y enriquecerla. 

Lic. Florencia Torzillo Alvarez
MN 30624

Una Terapia en busca de soluciones e

Conflictos, nadie los quiere, pero todo el mundo los tiene en algún momento de la vida. No hemos sido educados para su gestión, a pesar de que formarán parte de nuestra vida y trabajo con seguridad. Tal vez afrontar crisis no sea lo acertado, sino aprender a prevenirlas y “gestionar soluciones”. Todos nosotros 2a nivel personal, tenemos desencuentros de alguna clase en nuestras relaciones, pero aplicar ciertas pautas de autocontrol puede abrir vías de acuerdo. Un conflicto es un desacuerdo persistente entre personas o entre colectivos humanos. Es un choque de egos y de intereses. La forma puede adoptar diferentes apariencias: mala comunicación, intereses opuestos, opiniones encontradas, incompatibilidades, discusiones, peleas… pero en el fondo todo eso es reflejo de la necesidad oculta de “tener la razón”. La intensidad y cantidad de confrontaciones de una persona o colectivo es proporcional al nivel de autocontrol. Cualquier persona debería preferir tener paz a tener razón.

Para simplificarlo, el origen de nuestras dificultades está en el ego, autoconcepto o autoimagen construida, que asumimos como identidad real. Y cuando un ego cuestiona a otro, se percibe como un ataque a la identidad propia, y la explosión está servida. No es exagerado afirmar que el mundo no tiene problemas; lo que sí tiene es personas con el ego inflado que confunden su identidad real y esencial con su ego fabricado. 

Todo desacuerdo implica una serie de emociones: un deseo o voluntad no satisfecha que genera frustración, decepción, enfado, ira, agresión, violencia. Estas tres primeras emociones –que forman parte del ámbito interno– cristalizan en aquellos tres siguientes comportamientos en el ámbito externo.

Lic. Ariel Ghirelli
MN 29848